EQUIPO PROFESIONAL

MARTHA STELLA OSPINO R. Magíster en Psicología Jurídica, USTA, Especialista en Psicología de la Salud, UN, Psicóloga, U.N.

JAIRO ALFONSO OSPINO RODRIGUEZ Médico y abogado

QUE ES PSICOLOGIA FORENSE

La Psicología Forense es especialmente útil en la realización de pericias penales, evaluación de presuntos agresores y daño psicológico, valoración para inimputabilidad, elaboración de evaluaciones psicológicas forenses, asesoría técnica en juicio.

USOS DE LA PSICOLOGIA FORENSE

La Psicología Forense ofrece un amplio abanico de usos prácticos especialmente útiles en el ejercicio jurídico tanto para la Defensa como para la Fiscalía.

EXAMEN DEL ESTADO MENTAL

Como testigo experta en juicio, uno de los aspectos que se deben verificar en los informes que otros profesionales de la Psicología forense hayan presentados es la realización del examen juicioso del estado mental de la persona evaluada.

EN EL AMBITO DE LA FAMILIA

La Psicología Forense tiene como acción principal la realización de evaluaciones psicológicas para aportar información especializada y veraz que se convertirá en un medio probatorio para orientar la toma de decisiones judiciales.

lunes, 24 de marzo de 2014

MALTRATO INFANTIL INTRAFAMILIAR

Martha Stella Ospino-Rodríguez.       
Uno de los tópicos sobre los que se pronuncia la Psicología Forense es el maltrato infantil, esto con el fin de identificar el daño psicológico concausal de este delito, el cual tiene una magnitud que a todas luces daña a la sociedad.  La Organización Mundial de la Salud (OMS) reportó en el 2000 un estimado de 57.000 homicidios de niños menores de 15 años, siendo mayor la tasa en el caso de niños entre 0 y 4 año (Martínez, 2008).  La violencia contra niños, niñas y adolescentes representó el 14,5 % de los casos ocurridos en el 2012 en el contexto de la violencia intrafamiliar. En este año, el sistema médico-legal reportó 12.173 casos de violencia contra niños, niñas y adolescentes, con una disminución de 2.038 casos con respecto al año inmediatamente anterior. Durante los últimos 10 años, las cifras más bajas se presentaron en el 2005, con 9.763 casos, mientras que las más altas se registraron en el 2009, con 14.087 casos (Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, 2013).  A pesar que las cifras registraron una reducción en el año 2012 con respecto al año anterior, las cifras continúan siendo altas y la situación real es mucho peor dado que como en todos los fenómenos existen las ocultas, no permitiendo tener una idea clara de la magnitud del problema.
Con respecto al concepto de maltrato infantil (en adelante M.I.) se reconoce que existen deficiencias que afectan la fiabilidad y exactitud para evaluarse el problema, según Ampudia (2009):
1.   El momento evolutivo del niño, un mismo comportamiento puede considerarse o no como maltrato.
2.   El papel que cumple la vulnerabilidad del menor, porque un mismo comportamiento parental puede no causar daño a un niño sano, pero puede considerarse negligente si el niño padece algún tipo de discapacidad.     
3.   La conveniencia de considerar las consecuencias como un elemento determinante para valorar una conducta como dañina, factor que resulta especialmente conflictivo si se considera que alguna de esas conductas no acarrean consecuencias evidentes o inmediatas.  Por esto se incluye la noción de daño potencial en las definiciones, el cual puede ser difícil de evaluar al implicar una predicción mayor     
4.   La dificultad para precisar el límite a partir del cual puede considerarse como maltrato una conducta.  A lo anterior se deben sumar la falta de normas específicas sobre los requisitos a reunir para ser considerado un “buen padre” y las características que definen una “atención adecuada”.  De especial relevancia en los casos de abandono o negligencia, haciendo aún más difusos los límites entre un estado normal y uno de abuso y complican la tarea de detección.
5.   La conceptualización del maltrato infantil se refiere a la mayor o menor importancia que se debe conceder a los valores o normas culturales en función de los cuales las conductas se consideran socialmente aceptables o adecuadas.  En este sentido se debe tener presente que la representación social de castigo-corrección y maltrato es diferente en los diversos grupos y comunidades, “constituyéndose en un desafío cultural, desde el reordenamiento de las relaciones entre adulto y niño” (Carreño y Rey, 2010, p. 815).
6.   Otra dificultad para evaluar psicológicamente el M.I. es la naturaleza multidimensional, determinada por la gravedad, frecuencia, cronicidad, duración y tipo de conductas de maltrato, así como la edad del niño en el momento de la detección, el inicio de los episodios y la naturaleza de la relación con el/la maltratador/a.
A pesar de estas dificultades, se intentará brindar una definición de maltrato infantil: la Ley 1098 de 2006 o Código de Infancia y Adolescencia dice que “se entiende por maltrato infantil toda forma de perjuicio, castigo, humillación o abuso físico o psicológico, descuido, omisión o trato negligente, malos tratos o explotación sexual, incluidos los actos sexuales abusivos y la violación y en general toda forma de violencia o agresión sobre el niño, la niña o el adolescente por parte de sus padres, representantes legales o cualquier otra persona” (Art. 28).  También se ha dicho que “cuando un comportamiento, por acción u omisión, llega a poner en peligro la salud psíquica y física del niño, podría calificarse de maltrato” (Ampudia, 2009), por su parte, la Defensoría del Pueblo (2007, citado por Carreño y Rey, 2010) lo define como “toda acción u omisión que entorpece el desarrollo integral del niño o niña lesionando sus derechos dondequiera que ocurra, desde los círculos más particulares e íntimos de la familia, hasta el contexto general de la sociedad” (p. 808).   En estas definiciones se incluyen las diversas formas de maltrato, el que sea un comportamiento por acción y omisión, que ponga en peligro su desarrollo integral y que vulnere sus derechos.
Para evaluar el maltrato debemos considerar que existen distintos tipos de maltrato infantil.
Dentro del ámbito de la familia se presenta:
1.   Por negligencia
2.   Por abandono
3.   Físico
4.   Psíquico o emocional
5.   Sexual.
6.   Por síndrome de Münchausen
7.   Prenatal.
Se considera maltrato físico toda aquella acción no accidental por parte de los padres o cuidadores que provoque daño fisco o enfermedad en el niño o lo ponga en riesgo de padecerlos (Ampudia, 2009).
Maltrato sexual es cualquier clase de contacto sexual con una persona menor de 18 años por parte de un adulto desde una posición de poder o autoridad sobre el niño.  Este tipo de abuso puede clasificarse en función del tipo de contacto sexual, ya que puede darse con o sin contacto físico, y en función de la relación que existe entre la víctima y el ofensor, diferenciando así entre incesto y violación (Ampudia, 2009).
Maltrato psicológico o emocional se refiere a formas de hostilidad verbal crónica, como insultos, desprecios, críticas o amenazas de abandono, así como al constante bloqueo de las iniciativas de interacción infantiles (desde la evitación hasta el encierro) por parte de cualquier adulto del grupo familiar, e incluye formas de aterrorizar, humillar o rechazar a los menores (Ampudia, 2009).
El Síndrome de Munchausen por Poderes es una forma extraña de abuso que implica la fabricación reiterada de enfermedades en un niño por parte de un adulto.  Meadow, pediatra inglés, la describió por primera vez en el año 1977.  El niño es llevado en forma reiterada para recibir ayuda y cuidado médico. El resultado de lo anterior es una cantidad de procedimientos médicos, tanto de diagnóstico como terapéuticos. La definición excluye al abuso físico en forma individual, y los problemas no orgánicos del desarrollo que sólo son el resultado de privaciones emocionales y alimenticias  (Rosenberg, s.f.). 
Maltrato por negligencia se refiere al maltrato por omisión, cuyo caso extremo es el abandono.  Consiste en el fracaso de los cuidadores en salvaguardar la salud, seguridad y bienestar del niño y se da a distintos niveles (Ampudia, 2009):
1.   Negligencia física:  cuando no se proveen las necesidades físicas:  vivienda, ropa, nutrición, higiene y seguridad.
2.   Negligencia médica:  no se suministra el tratamiento adecuado para la salud física o mental.
3.   Negligencia emocional: se expresa en forma de rechazo, no brindar las necesidades de afecto y el soporte emocional requeridos.
4.   Negligencia educacional.
Fuera del ámbito de la familia, se presenta:
1.   Institucional (escolar, sanitario, jurídico, fuerzas de seguridad, servicios sociales, medios de comunicación).
2.   Explotación (laboral, sexual)
Es importante anotar que todos los tipos de maltrato se acompañan de maltrato psicológico.
De acuerdo a la severidad del M.I. se clasifica en:
1.   Leve: Los efectos del M.I son reparables en un corto tiempo de tratamiento.
2.   Moderado: Se requiere una intervención prolongada en el niño y su familia para lograr superar las consecuencias del M.I.
3.   Grave: aquel M.I. que no tiene retroceso y sus secuelas acompañan a la víctima de por vida.
Existen diversos factores de riesgo para el M.I., entre estos se pueden citar:
1.   Mayor distancia generacional entre el adulto y los menores, que se traduce en la existencia de intereses y valores muy distintos entre ellos.
2.   Creciente diversidad de funciones que está asumiendo la familia en los últimos años.  Estamos presenciando un desentendimiento de la familia en el desempeño de sus funciones y las cuales son asumidas por grupos sociales como la escuela, que no necesariamente resuelven el problema del maltrato.
3.   El contexto familiar y escolar es cada vez más diverso.  La realidad multicultural y nuestras sociedades hace que dentro de las familias y las escuelas se vivan experiencias muy diferentes.
4.   El grupo familiar y la escuela soportan una presión importante de los medios de comunicación, a los que sólo parece interesar los problemas y las fallas en estas instituciones.
Para hacer un abordaje forense del maltrato infantil, se hace necesario tener en cuenta el tipo de M.I. presente, los factores asociados a éste y la severidad del mismo.  En un próximo escrito se presentarán las consecuencias de este delito y las formas de evaluarlo.
        
Para citar este escrito según normas APA:

MS. Ospino-Rodríguez. (24 de marzo de 2014).  Maltrato infantil intrafamiliar.  [Mensaje en un blog].  Recuperado de 

REFERENCIAS
Ampudia, A.  (2009).  Guía clínica para la evaluación y diagnóstico del maltrato infantil.  Méjico: Manual Moderno.
Carreño, C.I., Rey, A.  (2010).  Reflexiones en torno a la comprensión del maltrato infantil.  Universitas Psychologica, 9(3), 807-822.
Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Foresnes.  (2013).  Comportamiento de la violencia intrafamiliar Colombia, 2012.  Recuperado de http://www.medicinalegal.gov.co/index.php/estadisticas/forensis/703-forensis-2012.
Ley 1098 de 2006 por la cual se expide el Código de la Infancia y la Adolescencia.
Martínez, G.  (2008).  El maltrato infantil: mecanismos subyacentes.  Avances en Psicología Latinoamericana, 26(2), 171-179.  Recuperado de www.redalyc.org.

Rosenberg, D.A. (s.f.).  Síndrome de Munchausen por Poderes.  Departamento de Pediatría, Centro Médico de la Universidad de Colorado, Denver, Colorado.  Recuperado de http://www.sids.org.ar/pdf/munchausen.pdf

lunes, 17 de marzo de 2014

ABUSO SEXUAL INFANTIL ¿COMO ENTREVISTAR A UNA PRESUNTA VICTIMA?




Martha Stella Ospino-Rodríguez.       
Cuando se van a entrevistar un niño, niña o adolescente, presunta víctima de abuso sexual, se deben emplear protocolos de entrevista para eliminar aquellas técnicas que son explícitamente sugestivas o que perjudiquen la exactitud de la declaración por algún otro motivo (evitar preguntas tendenciosas, un lenguaje evolutivamente inapropiado y el feedback sugestivo), además con procedimientos adecuados para estimular las narraciones de los niños (Cantón, y Cortés, 2008 y Espinosa, 2011).  Todos los protocolos insisten en que se debe seguir una determinada secuencia y que deben ser llevados a cabo por profesionales especializados. 
La mayoría de los autores coinciden en la necesidad de realizar grabaciones y transcripciones de los relatos dados por los niños, niñas y adolescentes presuntamente abusados.  Como dice Vásquez (2005) “es imprescindible que la entrevista se grabe, a ser posible en vídeo. Esto permite examinar posteriormente si la entrevista se ha hecho correctamente, poder registrar de forma literal el contenido y elaborar la transcripción. Además se evita que el menor sea sometido a interrogatorios posteriores, reduciendo así su victimización secundaria” (2005, p.129).  Como docente universitaria, estoy convencida que todo profesional comprometido con su labor está en continúo aprendizaje.  Si se graban las entrevistas, no solo sirve para el proceso sino para el perfeccionamiento profesional.  Se puede estar laborando en una institución y realizar miles de entrevistas a niños, niñas y adolescentes presuntamente abusados, pero si no se revisa lo que se hace, se pueden repetir y perpetuar errores y malas praxis en detrimento de las víctimas y los procesados. 
De acuerdo con la literatura científica los protocolos más usados para entrevistar víctimas de presunto abuso sexual son:  la entrevista cognitiva, el Protocolo Nichd, el protocolo de entrevista forense de Michigan o guía de Poole y Lamb, el Protocolo SATAC , la entrevista paso a paso o step wise, la elaboración narrativa, el protocolo del Centrer for Child Protection (CCP), el Protocolo del National Children’s Advocacy Center (NCAC), el Memorandum of Good Practice, la guía American Professional Society on the Abuse Children, , entre otros (Arce y Fariña, 2006; Cantón, y Cortés, 2008; Espinosa, 2011; Godoy e Higueras, 2005; Manzanero, 2010; Perona, Bottoms y Sorenson, 2006; Sierra, Jiménez y Bunce, 2006; Súarez, 2004;  Vásquez, 2005 y Vásquez y Catalán, 2011).  Haré referencia a los cinco primeros protocolos dado que son los más conocidos y empleados en Colombia. 
La entrevista cognitiva, cuyo mayor auge lo tuvo en los años noventa, según Memon y Köehnken (1992, citado por Manzanero, 2008) consta de tres etapas:
1.   Crear un ambiente propicio
2.   Solicitar el relato libre de lo sucedido.
3.   Aplicación de las técnicas de recuperación de la memoria.  Estas técnicas consisten en: (a)  “Reinstauración cognitiva del contexto, que consistirá en tratar de poner al testigo mentalmente en la misma situación física y mental que cuando ocurrió el suceso” (Manzanero, 2008, p. 142).  (b) Focalización del recuerdo, es decir se ayuda al testigo a concentrarse en lo que está describiendo y, (c) Recuperación extensiva a través del cambio de perspectiva y del recuerdo de los hechos desde diferentes puntos de partida como por ejemplo cambiando el orden.
Esta técnica ha mostrado, a través de la investigación, diversos inconvenientes; adicionalmente, requiere un entrenamiento muy riguroso para logar aplicarla de manera idónea.  En Colombia no son muchos los psicólogos forenses que la utilizan en sus entrevistas a presuntas víctimas de abuso sexual. 
El protocolo NICHD, tomó su nombre de la entidad en que fue desarrollado: el National Institute of Child Health and Human Development, consta de 18 pasos, los cuales son: 
1.   Presentación de las partes y sus funciones.
2.  La cuestión de la verdad y la mentira.
3.  La construcción del rapport.
4.  Un muestreo del lenguaje.
5.  Describir un suceso importante reciente.
6.  La primera narración explicativa del suceso alegado.
7.  Explicación del último incidente (si ha informado de múltiples incidentes).
8.  Realizar preguntas aclaratorias.
9.   Hacer preguntas abiertas complementarias sobre el último incidente.
10.  Narración del primer incidente.
11.  Preguntas indicio sobre el primer incidente.
12.  Preguntas abiertas/cerradas complementarias sobre el primer incidente.
13.  Narración de otros incidentes que el niño también recuerde.
14.  Preguntas aclaratorias.
15.  Preguntas directas complementarias sobre el incidente.
16.  Planteamiento de preguntas conductivas sobre detalles importantes desde un punto de vista judicial y que el niño no hubiera mencionado.
17.  Invitación para que aporte cualquier otra información que estime oportuna.
18.  Volver a un tema neutro.
Este protocolo tiene la ventaja de tener filtros que le permiten al entrevistador obtener precisión en lo relatado por el niño, niña o adolescente a través de las preguntas aclaratorias.
El protocolo SATAC, también conocido como RATAC por sus siglas en inglés, toma su nombre de las cinco etapas de que consta: 
1.   Simpatía.
2.   Identificación Anatómica: Anatomía.
3.   Preguntas sobre Tocamiento: Tocamiento.
4.   Escenario del Abuso: Abuso.
5.   Cierre. 
No obstante, por definición, el SATAC es un proceso semi-estructurado y se espera que estas etapas “se puedan modificar o eliminar para tener en cuenta los aspectos relacionados con el desarrollo y/o la espontaneidad de cada niño/a.” (Anderson et al,  2010, p. 202), sin embargo los cambios a las etapas deben estar suficientemente sustentados.  Este protocolo ha recibido bastantes críticas, lo cual será tratado con mayor detalle en otro escrito.
La entrevista paso a paso o step wise fue desarrollada por Yuille y sus colaboradores y su formato global implica nueve pasos básicos (Cantón, 2008): 
1.   Construcción del rapport.
2.   Pedir que recuerde dos sucesos específicos.
3.   Explicarle al niño la necesidad de decir la verdad
4.   Introducir el tema objeto de la entrevista.
5.   Estimular una narrativa libre.
6.   Plantear preguntas generales.
7.   Plantearle preguntas específicas.
8.   Utilización de instrumentos de ayuda en la entrevista (si es necesario): “se pueden utilizar dibujos y muñecos para clarificar la narración del niño, pero siempre después de que éste haya terminado su narración” (Cantón, 2008, p. 132).
9.   Conclusión de la entrevista.
El protocolo de entrevista forense de Michigan o guía de Poole y Lamb fue creado por un grupo de investigadores en el año 1992 del Estado de Michigan con base en los supuesto teóricos y de investigación de Poole y Lamb (Espinosa, 2011) e incluye 9 etapas:
1.   Preparar el entorno de la entrevista
2.   La presentación
3.   Competencia legal (la verdad/mentira)
4.   Establecer las reglas de base
5.   Completar el rapport con una entrevista de práctica.
6.   Introducir el tema
7.   La narrativa libre
8.   Interrogatorio y clarificación
9.   Cierre (Estado de Michigan, grupo de trabajo del gobernador para la justicia del menor, 1993).
Como se dijo, este es uno de los protocolos, junto con el NICHD y el SATAC que más se emplea en Colombia.  Tiene como todos los demás protocolos, la ventaja de preparar al niño, niña o adolescente para la entrevista y ser desarrollado por etapas de manera que se va a  entrando al asunto de interés poco a poco. 
Es necesario dejar claro que cualquier protocolo que se decida utilizar requiere entrenamiento supervisado con el fin de minimizar los errores durante las entrevistas que dejen en duda el testimonio del niño, niña o adolescente, máxime cuando, como ocurre con el delito del abuso sexual, puede ser la única prueba para demostrar que el delito ocurrió.

Para citar este escrito según normas APA:
MS. Ospino-Rodríguez. (17 de marzo de 2014).  ¿Cómo entrevistar a un niño, niñao adolescente presunta víctima de abuso sexual? .   [Mensaje en un blog].  Recuperado de http://psicojuridicaforense.blogspot.com/.

REFERENCIAS
Anderson, J; Ellefson, J; Lashley, J; Miller, A; Olinger, S; Russell, A; Stauffer, J y Weigman, J.  (2010). Protocolo RATAC para entrevistas forenses de Cornerhouse. Journal of practical and clinical law, 12(2), 193-331
Arce, R. y Fariña, F.  (2006).  Psicología del testimonio y evaluación cognitiva de la veracidad de testigos y declaraciones.  En J.C. Sierra, E.M. Jiménez y G.Buela-Casal (Coords.).  Psicología forense: Manual de técnicas y aplicaciones, pp.563-601.  Madrid:  Biblioteca Nueva. 
Cantón, J. (2008).  Guías y protocolos publicados para la realización de la entrevista de investigación.  En J. Cantón y M. Cortés.  Guía para la evaluación del abuso sexual pirámide. 2ª. Ed. pp. 123-146.  Madrid: Edición Pirámide
Cantón, J. y Cortés, M. (2008).  Guía para la evaluación del abuso sexual pirámide. 21. Ed., Madrid: Edición Pirámide.
Espinosa, A.  (2011).  La Psicología del testimonio.  En G. Hernández (Coord.).  Psicología Jurídica Iberoamericana, pp.  197-230.  Bogotá:  Manual Moderno
Estado de Michigan, grupo de trabajo del gobernador para la justicia del menor.  (1993).  Protocolo de entrevista forense.  Recuperado de www.arpap.org.
Godoy, V. y Higueras, L.  (2005).  El análisis de contenido basado en criterios (CBCA) en la evaluación de la credibilidad de testimonio.  Papeles del Psicólogo, 26(92), pp.92-98.
Manzanero, A.  (2008).  Psicología del Testimonio.  Una aplicación de los estudios sobre la memoria.  Madrid: Pirámide.
Manzanero, A. (2010).  Memorias de testigos.  Obtenión y valoración de la prueba pericial.  Madrid: Ediciones Pirámide.
Perona, A., Bottoms, B & Sorenson, E. (2006) Directrices basadas en investigaciones para realizar entrevistas forenses a menores.  The Haworth Document Delivery Service. Recuperado de http://www.amparoyjusticia.cl/file/directrices_investigaciones.pdf
Suárez, J. (2004).   La credibilidad del testimonio infantil ante supuestos de abuso sexual:  indicadores psicosociales. Tesis de grado doctoral: Universidad de Girona.   Recuperado de http://www.buentrato.cl/pdf/est_inv/maltra/mi_juarez.pdf.
Vásquez, B.  (2005).  Manual de Psicología Forense.  Madrid: Editorial Síntesis.

Vásquez, B., y Catalán, M.J.  (2011).  Casos prácticos en Psicología Forense.  Madrid: EOS Psicología Jurídica.

lunes, 10 de marzo de 2014

AGRESORES SEXUALES ¿SE PODRA DETENER ESTE FLAGELO?

Alexa Liliana Rodríguez-Padilla.    
Las agresiones sexuales contra menores en Colombia es un flagelo en ascenso, el cual no se detiene a pesar del aumento de las penas.  De acuerdo con las estadísticas del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, entre los años 2000 y 2010 se ha observado un aumento en el número de exámenes sexológicos realizados a las presuntas víctimas de estos delitos.
Conocer el número real de los delitos sexuales que tienen lugar en Colombia y en el resto del mundo es un procedimiento sumamente difícil. Las cifras que suelen manejarse subestiman significativamente la verdadera incidencia de tales delitos.  No existe un dato exacto que permita establecer el número de procesos penales en torno a los casos de delitos sexuales en el país. Dadas las falencias en cuanto al uso sistemáticos de mecanismo de referenciación, que permitan establecer con un grado de certeza el número de víctimas y agresores sexuales en Colombia (Álvarez-Correa, Valencia y Parra, 2012).
Por tal motivo, las cifras se aproximan a partir del número de exámenes sexológicos realizados por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia y el número de denuncias presentadas, haciendo claridad que es posible que se presenten varias víctimas en un mismo proceso, por una parte y que algunas de éstas puedan ser falsas denuncias.  No obstante, de acuerdo con los hallazgos en la reciente investigación del Ministerio Público de Colombia 2012, el incremento de los exámenes sexológico en el país es absoluto.
El  año 2011 fue el período donde se calculó  la tasa más alta en el último decenio, se practicaron 22.597 exámenes sexológi­cos en presuntas víctimas de delitos sexuales, 11% más que en el 2010, para una tasa nacional de 49 casos por 100.000 habitantes.  De los exámenes realizados, 72% presenta información de los hechos relacionada con presunto abuso sexual y 1% con posible asalto sexual, y el 1% no tenía información sobre el diagnóstico médico.  En la última década, la cifra total de exámenes sexológicos forenses aumentó, mientras que la distribución por sexo ha permanecido idéntica en todo este tiempo;  84% de los exámenes se practicó a mujeres y 16% a hombres, en el año 2011 (Forensis, 2011).
 Las ciudades de Colombia con mayor número de procesos, de mayor a menor son: Bogotá, Medellín, Cali, Neiva y Pereira.  Adicional a ello encontraron que el número de casos en materia de delitos sexuales en Colombia, durante los últimos 10 años se ha mantenido y no muestra tendencias a disminuir  “nueve (9) de los diez (10) municipios con mayor frecuencia de exámenes sexológicos observados en el año 2000 se repiten en el 2010...” (Álvarez-Correa, Valencia y Parra, 2012).  Los grupos etarios más prevalentes en las víctimas de sexo masculino fueron los que abarcan la niñez, con 94 %; y del sexo femenino, las niñas y adolescentes tempranas con 85%. En cuanto al estado civil, el 68% de las personas exa­minadas eran solteras. El 33% de los casos estaba relacionado con circunstancias de violencia intrafa­miliar.  En el 50%, el presunto agresor era un familiar o conocido. El 85% ocurrió en el área urbana y 74% en la vivienda (Forensis, 2011).
Bogotá, D.C., la ciudad capital de Colombia, ocupa el primer puesto en materia de accesos carnales violentos con un 25.36% y, el segundo, en actos sexuales abusivos con menor de 14 años.  Le sigue Barranquilla (Atlántico) con un 11.86% en acceso carnal violento y el tercer puesto en actos abusivos; seguido de la ciudad de Tunja (Boyacá) (Álvarez-Correa, Valencia y Parra, 2012).
De acuerdo con las cifras proporcionadas por el Instituto Nacional Penitenciario (INPEC) al 17 de agosto de 2012 existía: 2.252 hombres condenados por el delito de acceso carnal abusivo con menor de 14 años, y 1.270 sindicados por el mismo delito. Condenados por el delito de acceso carnal o actos sexuales abusivos con incapaz de resistir, 267 y 154 sindicados. Acceso carnal o acto sexual en persona puesta en incapacidad de resistir, 101 condenados y 43 sindicados. Acceso carnal violento 2.023 condenados y 700 sindicados. Acto sexual violento, condenados 419 y sindicados 179, y actos sexuales violentos con menor de 14 años 2.898 condenados y 711 sindicados. En total se encuentra condenados por delitos sexuales siete mil novecientos sesenta personas – hombres (7.960) y sindicados cuatro mil quinientos cincuenta y siete personas – hombre (4.057) en Colombia a la fecha anteriormente citada  (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, 2012).
Los profesionales que trabajan en el contexto legal con delincuentes sexuales se enfrentan con frecuencia a una presión importante para que evalúen con precisión los niveles de riesgo y muestren un proceso de toma de decisión lo más certero posible en relación con el riesgo de reincidencia y peligrosidad (Craig, Beech, y Browne, 2006). Un delincuente sexual que se valore como sujeto de alto riesgo requerirá un control y una supervisión mucho más estricta que un sujeto que se considere de bajo riesgo de reincidencia sexual. Por este motivo, una buena predicción de la reincidencia sexual es necesaria para evitar futuras víctimas y brindar elementos de ayuda a los jueces, al momento de emitir las sentencias.
Si bien es cierto que en Colombia durante los últimos diez años se viene adelantando, desde una perspectiva institucional y jurídica, significativos esfuerzos en relación con el tema de víctimas de delitos sexuales, no sucede los mismo en relación con la investigación en torno al tema de los agresores sexuales y menor aún en el desempeño judicial en relación con esta temática, lo que conlleva a que las cifras de impunidad en materia de delitos sexuales, aún sigue siendo alta.  En promedio, el 30.05% de las denuncias realizadas en materia de delitos sexuales son archivadas (Álvarez-Correa, Valencia y Parra, 2012).  Lo anterior sumado al número de hombres condenados por delitos sexuales en Colombia, 7.960 en el año 2012, deja un panorama preocupante en relación con el tema del manejo de delitos de índole sexual.
Son muchas las investigaciones que se han realizado en torno al tema de los agresores sexuales y la influencia biológica sobre el comportamiento humano y como ésta afecta a la actividad sexual, Marshal (2001) cita las de Money en  1995, Grubin y Manson en 1997, Berlin y Meinecke en 1981, Meyer-Bahlburg, Nat, Boon, Sharma y Edwards en 1974.  Estas investigaciones establecen que el impulso sexual y la tendencia a la agresión tienen su correlato en las mismas áreas del cerebro, así como el sistema hormonal que activa el impulso sexual juega un papel importante en la agresión.  Otros estudios sugieren que el bajo rendimiento en pruebas de inteligencia, en hombres violentos, está acompañado por déficits en las funciones ejecutivas.
Los hallazgos reportados por las neurociencias en los últimos años muestran cómo los sujetos con afectación de los sistemas emocionales presentan un bajo desempeño en el ejecutivo central, principalmente, en la toma de decisiones y  en la resolución de problemas (Derryberry y Reed, 2002; Eysenck, Derakshan, Santos y Calvo, 2007) situación que de evidenciarse en los agresores sexuales, cambiaría inevitablemente la perspectiva que se tiene en relación con los programas de reinserción social de los agresores sexuales, y a su vez, se traduciría en un cambio en los modelos empleados para la prevención del delito, su intervención y el tratamiento penitenciario, así como en una mirada diferente del fenómeno.
Conocer el perfil cognitivo de los agresores sexuales desde el punto de vista de las neurociencias proporciona información importante acerca de sus pensamientos, comportamientos y actitudes más habituales que ayudarán a una mejor comprensión de los motivos que les han llevado a cometer este tipo de delitos y a predecir el comportamiento futuro de una persona en circunstancias similares. Los posibles hallazgos de investigaciones en este sentido podrían ofrecer orientaciones para mejorar los programas de prevención y tratamiento dirigidos a esta problemática humana y social, que pareciera no tener final.

Para citar este escrito según normas APA:

AL. Rodríguez-Padilla. (10 de marzo de 2014).  Agresores Sexuales: ¿se podrá detener éste flagelo?. 
[Mensaje en un blog].  Recuperado de http://psicojuridicaforense.blogspot.com/.

REFERENCIAS
Álvarez-Correa, M. A., Valencia, O.L. y Parra, S. (2012). Dígame ¿Por Qué?  Ministerio Público de Colombia.
Craig, L.A., Browne, K.D., Beech, A. y Stringer, I.A.N. (2006). Differences in personality and risk characteristics in sex, violent and general offenders. Crime, Behaviour and Mental Health, 16,183-194.
Derryberry, D. y Reed, M. A. (2002).Anxiety-related attentional biases and their regulation by attentional control. Journal of Abnormal Psychology, 111(2), 225-236
Eysenck, M. W., Derakshan, N., Santos, R., & Calvo, M. G. (2007). Anxiety and Cognitive Performance: Attentional Control Theory. Emotion, 7(2), 336-353.
Forensis (2011). Descripción Epidemiológica de los exámenes sexológicos Forense, Colombia 2011.  Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.
Instituto Nacional Penitenciario de Colombia. (2012).  Estadísticas.  Recuperado de www.inpec.gov.co.

Marshall, W. (2001). Agresores Sexuales: Estudios sobre Violencia.  España: Editorial Ariel.

lunes, 3 de marzo de 2014

MALTRATADOR DOMESTICO


Martha Stella Ospino-Rodríguez.       
La motivación principal del maltratador intrafamiliar es mantener el control sobre la víctima.  Se puede pensar que la causa de la violencia es la agresión, sin embargo no es así, el principal objetivo es demostrar poder y ejercer control sobre la víctima.  Para logarlo emplea diversas tácticas como el aislamiento, las amenazas, ocasionales atenciones y gratificaciones para la víctima y diversas demostraciones de omnipotencia, degradación e imposición de demandas triviales.  Estos patrones son similares para los diversos tipos de violencia, ya sea física, emocional, sexual y patrimonial (Alberta Justice and Solicitor General Criminal Justice Division, 2013).
Estas tácticas hacen que la víctima no salga de las relaciones abusivas que pueden ser:
´  Abuso emocional.
´  Amenazas o actos de encierro, abuso sexual o daño físico a la víctima o a sus hijos.
´  Comportamientos de control.
´  Amenaza de suicidio u homicidio.
´  Acoso.
CARACTERÍSTICAS CENTRALES DE LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR
De acuerdo con la National Justice Institute on Domestic Violence (citado por Alberta Justice and Solicitor General Criminal Justice Division, 2013), existen cinco características centrales de la violencia intrafamiliar:
´  La violencia intrafamiliar es un comportamiento aprendido.
´  La VIF generalmente involucra comportamientos repetitivos que acompaña diferentes tipos de abuso.
´  El abusador es quien causa la violencia, no el contenido del abuso, ni la victima ni la relación.
´  Es muy probable que el daño a la víctima y a los niños se incremente al momento de la separación.
´  El comportamiento de la víctima a menudo es una forma de asegurar su supervivencia.

PERFIL DEL MALTRATADOR INTRAFAMILIAR
PRIMERA TIPOLOGÍA
Holtzworth-Munroe y Stuart (1994) establecieron tres tipos de maltratadores:
1.  Hombres violentos sólo en la familia (FO, Family Only), cuyas características sobresalientes son: intensidad moderada de violencia, sin expresiones altas de violencia sexual o psicológica; la violencia en este grupo se restringe a los miembros de la familia y no tienen problemas legales; hay poca evidencia de psicopatología o de desórdenes de personalidad.  Constituyen aproximadamente la mitad de los hombres demandados por abuso en su hogar (Holtzworth-Munroe y Stuart, 1994).
Vásquez (2005) suministra las siguientes recomendaciones de manejo en los casos de violencia intrafamiliar con este tipo de hombres:
·         Retener con el personal de apoyo al posible agresor el máximo de tiempo ya que el mero paso del tiempo tiende a disipar la intención de llevar a cabo la conducta agresiva. Pensar que aunque un agresor se retire de un escenario al ver a las fuerzas de seguridad, nada le impedirá volver más tarde.
·         No intentar convencer, argumentar y aún menos reconvenir a un agresor sobre lo  inconveniente de su conducta. Escuchar de forma neutral de manera que no se sienta juzgado y se exprese de la forma más abierta posible.
·         Apuntar de la forma más objetiva y literal lo que expresa la persona y su conducta no verbal: gestos, expresión corporal, etc.
·         La clave de intervención en crisis en estos casos es escuchar mucho y hablar poco, de forma tranquilizadora, intentando que el agresor no se sienta amenazado, mientras se solicitan refuerzos, si fueran necesarios. En el caso de que la persona se encuentre agitada es necesario reducirla de forma respetuosa y con el mínimo de violencia posible.
·         Si la persona se encuentra bajo los efectos del alcohol o las drogas llevarle ante las autoridades médicas inmediatamente.
·         Es muy importante observar la conducta no verbal y dentro de ella la incongruencia emocional que es un signo claro de alarma. Un desajuste emocional puede estar enmascarando una posible conducta agresiva ulterior.
·         La única ventaja que ofrece es durante las fases de culpa que pueda sentir el maltratador en las que se puede iniciar una intervención terapéutica.
2.  El subtipo disfórico/borderline (DB) con las siguientes características: exhiben niveles moderados de violencia con abuso psicológico y sexual; a pesar que su expresión de violencia se muestra principalmente con los miembros del hogar, también se observa en otros espacios y pueden estar implicados en comportamientos delictivos.  Estos hombres son más disfóricos, con problemas de estrés y emocionalmente volátiles.  Pueden presentar trastornos de personalidad como boderline o límite y esquizoide y niveles moderados de abuso de alcohol hogar.  Este grupo constituye aproximadamente el 25% de los casos de maltratadores domésticos (Holtzworth-Munroe y Stuart, 1994).
¿Qué hacer con este tipo de agresores ante la amenaza de una agresión inmediata?  Vásquez (2005) recomienda:
·         En este caso siempre tomamos muy en serio las amenazas y procedemos a ejercer las acciones para proteger a la víctima: protección judicial y social
·         Tener en cuenta que la mera orden de alejamiento no garantiza en nada la seguridad de la víctima. Si el agresor no obedeciera una orden de alejamiento judicial es urgente proceder a su detención inmediata.
·         Al tratarse de un trastorno de personalidad que sí es abordable de forma terapéutica, pondríamos al agresor inmediatamente en manos de un psicólogo o psiquiatra especializado.
·         En este tipo de agresores son habituales las autolesiones como cortarse las venas o la lengua y gestos dramáticos que pueden acabar en suicidio consumado. Procederemos por tanto a tenerle en todo momento vigilado hasta que sea examinado por un facultativo.
3.  Generalmente violento/antisocial (GVA): presentan niveles de moderada a severa violencia, incluyendo la psicológica y sexual y un alto historial de problemas legales. Es muy probable que tengan dependencia al alcohol y/o drogas y el trastorno de personalidad antisocial o psicopatía.  El porcentaje de casos en este grupo es de aproximadamente el 25% (Holtzworth-Munroe y Stuart, 1994).
Vásquez (2005) plantea como recomendaciones con este tipo de maltratadores:
  • Por ser la motivación del maltratador instrumental y no psicológica se sugiere como medida eficaz la detención preventiva.
  • No se sugiere la mediación  o la psicoterapia puesto que resultarían contraproducentes e ineficaces.
SEGUNDA TIPOLOGÍA
Gottman, Jacobson, Rushe, Shortt, Babcock, La Taillade y Waltz (1995) establecieron la relación entre las respuestas fisiológicas emitidas ante una violencia de pareja.  Como índice de respuesta fisiológica utilizaron la tasa cardiaca y la dilatación pupilar a los cinco minutos de la discusión.  Establecieron dos tipos de hombres violentos. 
El Tipo I, denominado “Cobra” manifestaba una disminución en su frecuencia cardiaca, exteriorizaban mucha agresividad y desprecio hacia la víctima y se comportaban violentamente con otro tipo de personas (amigos, desconocidos, compañeros de trabajo, etc.); presentaban altos índices de comportamiento antisocial, agresión sádica, dependencia al alcohol y las drogas y fueron menos dependientes que el Tipo II.   
El tipo II, denominado “pitbull”, presentaron un aumento en su frecuencia cardiaca ante una discusión de pareja.  Es violento solamente con las personas que ama, “celoso y tiene miedo al abandono, priva a la pareja de su independiencia… vigila y ataca públicamente a su pareja,.. tiene potencial para rehabilitación y no ha sido acusado de ningún crimen” (Velásquez, 2011).  En este tipo de hombres violentos la conducta violenta era impulsiva, una conducta mediatizada por la ira que refleja la incapacidad en el control de los impulsos o en la expresión de los afectos (Torres, Lemos-Giráldez y Herrero, 2013).
A los dos años de seguimiento la tasa de divorcio en el Tipo I fue de 0, en contraste con el Tipo II que fue de 21,5%. 
TERCERA TIPOLOGÍA
Ferrer, Bosch, García, Manassero y Gili (2004), realizaron un meta-análisis de investigaciones realizadas entre 1988 y 1998 que comparaban a maltratadores y no maltratadores.  En este trabajo concluyeron que los hombres que ejercen violencia hacia sus parejas presentan trastornos de personalidad (esquizotípico y depresivo) y otro tipo de trastornos psicopatológicos, abusan del alcohol y/o drogas en mayor medida que los hombres no violentos (Torres, Lemos-Giráldez y Herrero, 2013).
CUARTA TIPOLOGÍA
Echeburúa y Fernández-Montalvo (1997 citado por Torres, Lemos-Giráldez y Herrero, 2013) en España establecieron dos tipos de hombre maltratadores:
1. Los sujetos “violentos con la pareja/estables emocionalmente/integrados socialmente”, equivalentes al tipo normalizado, se caracterizan por violencia limitada a la pareja, menor número de distorsiones cognitivas, menor abuso de drogas, menor presencia de antecedentes penales, mayor autoestima, mayor control de la ira, poca presencia de síndromes clínicos y estilos de personalidad compulsivos, narcisistas e histriónicos. Con un estilo de apego predominantemente seguro, tienen mayor empatía y muestran mayor deseabilidad social.
2. Los sujetos “violentos generalizados/poco estables emocionalmente/no integrados socialmente” se caracterizan por violencia que se extiende más allá de la pareja y presentan antecedentes penales con mayor frecuencia. Estos sujetos están más afectados por síntomas clínicos, tienen más distorsiones cognitivas, dependen más del alcohol/drogas y muestran rasgos de personalidad antisocial, paranoide y negativista.  Asimismo, son más impulsivos y se muestran menos empáticos que los sujetos del grupo anterior, con estilo de apego inseguro u hostil.
QUINTA TIPOLOGÍA
Holtzworth-Munroe, Meehan, Herron & Rehman (2000) encontraron cuatro subgrupos:  limitado al ámbito familiar, disfórico/borderline, generalmente violento/antisocial y antisocial de bajo nivel que se encontraría entre los violentos familiares y el generalmente violento. Este subgrupo tenía puntuaciones moderadas en las medidas de antisocial, violencia conyugal y la violencia en general.
SEXTA TIPOLOGÍA
Fernández-Montalvo y Echeburúa (2008), a falta de datos empíricos que soporten alguna tipología sólida, proponen que los hombre agresores son:
  1. Personas machistas.
  2. Inestables emocionalmente y dependientes, que se vuelven peligrosos si la mujer corta la relación.
  3. Adictos al alcohol o las drogas, en donde la adicción actúa como un desinhibidor.
  4. Hombres con un trastorno de personalidad (los más frecuentemente descritos han sido el trastorno antisocial de la personalidad, el límite y el narcisista) que disfrutan pegando o que, al menos, no tienen inhibiciones para hacerlo.
SÉPTIMA TIPOLOGÍA
Torres, Lemos-Giráldez y Herrero (2013) en la revisión de la literatura científica de estos últimos años sobre agresores de pareja pone de manifiesto: 
  1.  La alta prevalencia de los trastornos de la personalidad entre los hombres que ejercen violencia hacia su pareja. Entre estos trastornos se han encontrado especialmente el borderline, antisocial, narcisista y paranoide
  2. El consumo abusivo de alcohol y otras drogas.
Una vez presentados los perfiles de los hombres maltratadores propuestos por los investigadores, se observa la necesidad de realizar evaluaciones psicológicas juiciosas a los hombres que maltratan a sus esposas, labor que debe realizar un profesional de la Psicología Forense.  Estas evaluaciones deben ser efectuadas con el fin de determinar los factores de riesgo para futuros eventos de violencia y las necesidades de intervención, dado que no todos los abusadores responden al mismo tipo de tratamiento.
Para citar este escrito según normas APA:

MS. Ospino-Rodríguez. (3 de marzo de 2014).  Maltratador intrafamiliar.   [Mensaje en un blog].  Recuperado de 
http://psicojuridicaforense.blogspot.com/.


REFERENCIAS
Alberta Justice and Solicitor General Criminal Justice Division (2013).  Domestic violence handbook  for Police and Crow Prosecutors in Alberta.   Recuperado de http://www.solgps.alberta.ca/programs_and_services/victim_services/help_for_victims/Publications/Domestic%20Violence%20Handbook.pdf.

Fernández-Montalvo, J. y Echeburúa, E.  (2008).  Trastornos de personalidad y psicopatía en hombres condenados por violencia grave contra la pareja.   Psicothema, 20(2), 193-198.

Gottman, J., Jacobson, N., Rushe, R., Shortt, J., Babcock, J., La Taillade, J. y Waltz, J. (1995). The relationship between heart rate reactivity, emotionally aggressive behavior, and general violence in batterers. Journal of Family Psychology, 9, 227-248.  Recuperado de psycnet.apa.org/journals/fam/9/3/227.html‎.

Holtzworth-Munroe, A, Meehan, J., Herron, K y Rehman, U. (2000).  Testing the Holtzworth-Munroe and Stuart (1994) batterer typology.  Journal of Consulting and Clinical Psychology. 68(6), 1000-1019. doi: 10.1037//0022-006X.68.6.1000

Holtzworth-Munroe, A. y Stuart, G. (1994). Typologies of male batterers: Three subtypes and the differences among them. Psychological Bulletin, 116, 476- 497.  Recuperado de psych.indiana.edu/.../Holtzworth-Munroe_and_Stuart‎

Torres, A., Lemos-Giráldez, S., y Herrero, J.  (2013).  Violencia hacia la mujer: características psicológicas y de personalidad de los hombres que maltratan a su
Pareja.  Anales de Psicología, 29(1), 9-18.  Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=16725574002

Vásquez, B.  (2005).  Temas específicos en Psicología Forense:  Malos tratos: el maltrato en la pareja como forma de maltrato global.  En B. Vásquez.  Manual de Psicología Forense.  (pp. 96- 123).  Madrid:  Editorial Síntesis


Velásquez, C.  (2011).  Maltratadores intrafamiliares.  Rasgos y características descriptivas.  En G. Hernández.  Psicología jurídica iberoamericana.  (pp.  309-326).  Bogotá:  Manual Moderno.